El Pensamiento Crítico en el Liderazgo de una Sociedad Tecnológica

Vivimos inmersos en una sociedad tecnológica porque pareciera que todo el pensamiento filosófico, político, económico y social que se desarrolla con fuerza a partir del siglo XVIII hoy ha perdido vigencia frente al poder de la ciencia y tecnología.

También es cierto que no hay evolución de pensamiento sin un salto en la ciencia, ya que el avance social como consecuencia del cambio tecnológico, impone la necesidad de una adecuación de normas y procedimientos, que van desde la manera en que hacemos nuestras tareas diarias hasta la forma en que consumimos productos de primera necesidad o qué programas vemos por televisión. Todo…absolutamente todo, está condicionado por la innovación tecnológica.

El homo economicus ha sido reemplazado por un homo tecnológico, aunque si bien tiene la misma fisiología cerebral e inteligencia, no así su evolución. ¿Por qué? Porque son muy importantes las diferencias en cuanto a la forma en que un hombre o una mujer de 2018 perciben la realidad y actúan sobre ella, respecto a ese mismo hombre o mujer de hace tan sólo cinco años.

La evolución tecnológica mueve hacia arriba las curvas de la industria y también nuestro cociente intelectual no en cuanto a que se amplíe la inteligencia, sino en lo que respecta a hacerla más eficaz y racional en el uso de los recursos de nuestra actividad mental. Algo así como saber equilibrar mejor nuestras habilidades frente a la “materia gris” que se supone todos tenemos.

Por ello nos la importancia de hablar del pensamiento crítico para reflexionar sobre cuál es la importancia que tiene en el liderazgo actual y a medio plazo de las organizaciones. Implica el examen de estructuras de pensamiento que forman parte de nuestro razonamiento, lo que nos hace detenernos en el estudio de cuál es nuestro objetivo, problema al que nos enfrentamos, preguntas que nos formulamos, suposiciones que nos ocasionan dudas en nuestra mente, así como la percepción que tenemos de una o más cosas, conceptos, o la manera en que decidimos, etc.

Es evidente que el pensamiento crítico no es una isla, sino que forma parte de una familia de modos de pensamiento humano, tales como el pensamiento científico, o también el matemático y el histórico, pasando por el antropológico, el económico o el filosófico.

Su estructura intangible, no morfológica, es la que nos coloca en un pensamiento crítico de dos velocidades: aquellas habilidades generadoras y procesadoras de información y creencias, que terminan conformando nuestros principios y valores; el hábito (nuestra conducta) basada en la habilidad intelectual de poder hacer uso de todos nuestros recursos (habilidades) para poder guiar nuestro comportamiento.

En el ámbito del liderazgo, podemos encontrarnos con situaciones diferentes que evidencian el mejor o peor uso del pensamiento crítico, lo que calificaría a esos líderes de manera automática, en líderes más o menos efectivos.

Un líder efectivo requiere:

1º) Contar con la información veraz y oportuna.

2º) Tratarla de la manera más adecuada en función de si es un mero mecanismo operativo o entra en la esfera de toma de decisiones.

3º) La mera posesión de un conjunto de habilidades, implica el uso continuo de ellas.

4º) El uso de esas habilidades es la capacidad en sí misma de ejercerlas, aunque sin necesidad de garantizar los resultados.

5º) No tendrá valor ni consecuencias positivas aquel pensamiento crítico que persiga la satisfacción de fines personales del líder en vez de estar al servicio del interés del personal y/o equipos.

Una consideración a tener muy en cuenta, es que no existe ningún líder, por más destacado que sea, que su pensamiento crítico sea universal, porque dependerá del grado y dependencia de muchos elementos y factores. Es aquí en dónde juega un papel preponderante la experiencia en determinadas competencias del ámbito de los negocios y las organizaciones. Nadie puede dominar la amplia gama del pensamiento crítico, sino que por sus características (tipología de personalidad) y circunstancias personales que le han llevado a esa posición, sí puede profundizar en un determinado tipo de pensamiento que le facilite responder las preguntas o enfrentarse a problemas puntuales.

Nadie es un pensador crítico de principio a fin, sino sólo en un grado determinado, con puntos fuertes y débiles, con determinadas tendencias a pensar y/o actuar de determinada manera. La cuestión no es si lo tiene o no en determinado grado. La eficacia del líder se ve por cómo lo aplica y a cuál pensamiento crítico se somete ante situaciones diferentes, o siendo similares, no están contextualizados de la misma forma. Por esta razón, el desarrollo de habilidades y disposiciones de pensamiento crítico es un esfuerzo de toda la vida.

El pensamiento crítico se puede enseñar y perfeccionar.

Fuente: EEN

126