La Mejor Estrategia Publicitaria para un Producto Malo

Nuestras vidas están llenas de publicidad por todas partes, por lo que ya existe una desconfianza hacia esta y a la vez un desinterés por prestarle verdadera atención.

Una buena publicidad debe ser bien enfocada al cliente que queremos tener así como plantearle medios de comunicación bidireccional para que este se sienta identificado con el mensaje.

Puede existir una primera buena impresión que genere un elevado nivel de compras inicialmente, sin embargo las compras no se repetirán. El consumidor no es tonto y obtiene referencias rápidamente sobre nuevos productos a través de redes sociales y experiencias de otros consumidores.

La publicidad le brindará la oportunidad al producto de entrar en la mente del consumidor y que este lo pruebe, de modo que el consumidor decidirá si cumple o no sus expectativas. El consumidor responderá bien si el producto es el adecuado para satisfacer sus necesidades, por otro lado si descubre que no satisface dichas necesidades tal cual lo prometido en la publicidad recibida, el impacto será mayor ya que desconfiará y desacreditará las futuras campañas publicitarias por considerarlas engañosas.

Se puede medir la efectividad de la campaña publicitaria mediante la respuesta inicial del consumidor, pero no es sensato evaluar la misma publicidad en función a las ventas en el trascurrir del tiempo. El consumidor fiel se manifiesta mediante la repetitividad de compra, para lo cual necesita un buen producto que cumpla y llene las expectativas puestas en este.

Una buena campaña publicitaria puede perjudicar aún más a un mal producto, debido a que más personas comprarán el producto, se decepcionarán de este y lo comentarán con otras personas, aumentando la repercusión negativa y perjudicando la credibilidad de la marca.

Muchas veces las empresas se enfrentan con el desafío de repotenciar las ventas de productos que han perdido mercado o que simplemente ya no gozan del interés de compra de los consumidores, ante este desafío existe la opción de repotenciar publicitariamente el producto lo cual requiere una inversión extra, sin embargo se puede obtener otras estrategias sin la necesidad de realizar fuertes inversiones publicitarias en el producto, así tenemos por ejemplo: Regalar el producto (en calidad de oferta) anexado junto con otro producto de mayor valor, o aliarse con otras empresas para que el producto se regale o anexe junto con sus productos.

Por otro lado, si la empresa finalmente se decide por cerrar la comercialización del producto, siempre queda la opción de vender la patente, marca comercial o derechos sobre el producto.

Los publicistas se enfocan en manipular el comportamiento del ser humano, si bien podemos estudiarlo y entenderlo, un mal producto sin importar que tan persuasivo sea el mensaje publicitario, no conseguirá buenos resultados.

Debemos entender que por más buena que sea la publicidad si el producto es malo no se obtendrán las ventas esperadas. Por tanto la mejor estrategia publicitaria es invertir en un buen producto que genere un fuerte impacto positivo en la aceptación de los consumidores.

291