El Desarrollo y Autogestión de la Inteligencia Emocional

La Inteligencia Emocional (IE) es una parte de nuestra capacidad cognitiva que, básicamente, facilita el comportamiento interpersonal.

Harvard Business Review ha llegado a calificar a la inteligencia emocional como un concepto revolucionario, una noción arrolladora, una de las ideas más influyentes de la década en el mundo empresarial.

Según Redorta, la autogestión emocional “consiste en realizar esfuerzos para canalizar las emociones a fin de que el comportamiento subsiguiente sea lo más adaptativo posible, de forma que en el último término aumenten las posibilidades de supervivencia y bienestar”.

El psicólogo de las organizaciones Jonathan García-Allen explica: “La época en que los procesos de selección de personal se basaban en la experiencia laboral y los conocimientos técnicos pasó. Actualmente, el método ha evolucionado y los aspectos relacionados con la Inteligencia Emocional, como las habilidades interpersonales y la gestión de las emociones, han cobrado un protagonismo clave.

El desarrollo de la inteligencia emocional se lleva a cabo en dos dimensiones:

1. La autogestión o autorregulación, que se refiere al hecho de controlar y modelar nuestras propias emociones en función de una situación o sujeto en concreto.

2. La gestión emocional, que hace referencia a la manera en la que nos comportamos frente a las emociones que están experimentando otras personas.

Las características de la llamada inteligencia emocional son: la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y la capacidad de empatizar y confiar en los demás.

Cuando aquello que persigues, lo persigues con una elevada motivación, rendirse no es una opción, una clave para desarrollar la inteligencia emocional es entender la motivación que tienen otras personas que nos rodean.

Hoy en día son muchas las corporaciones que invierten grandes sumas de dinero en formar a sus empleados en Inteligencia Emocional. La razón de esta apuesta estriba en que las empresas se han dado cuenta de que una de las claves del éxito comercial y de la venta de sus productos radica en el grado en que sus trabajadores son capaces de reconocer y controlar sus emociones, así como las de sus clientes.

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