Competitividad Empresarial basada en la Productividad y Motivación

En términos microeconómicos, la competitividad de una empresa está totalmente vinculada a la innovación y a la productividad, conceptos fáciles de entender y por lo tanto de medir y de mejorar, ya que deben de estar interrelacionados.

La productividad debe ser definida como el indicador de eficiencia que relaciona la producción obtenida por un sistema productivo y los recursos utilizados para obtener dicha producción. También puede ser definida como la relación entre los resultados y el tiempo utilizado para obtenerlos, de forma que cuanto menor sea el tiempo que lleve obtener el resultado deseado más productivo es el sistema.

La empresa, en un sentido amplio del concepto, se configura como el centro donde confluyen las expectativas que requieren de una productividad creciente:

  • Exigencia del consumidor. Por motivos de utilidad o de necesidad psicológica el consumidor quiere disponer de los productos o servicios a la mayor brevedad posible y cubriendo todas sus expectativas.
  • Exigencia del personal. Nuestros recursos humanos requieren mayor disponibilidad personal de tiempo para el ocio y para conciliar el trabajo con la vida privada.
  • Exigencia empresarial / económica. La empresa como sujeto económico con una exigencia de supervivencia competitiva le urge aprovechar al máximo sus recursos, ser más productiva.
  • Exigencia del Estado. Los dirigentes políticos asumen la productividad del país o de la región como una prioridad socioeconómica y su objetivo es contribuir a que el ratio nacional y/o autonómico mejore y alcance niveles de los países líderes en este concepto.

Más producción y ajustada a las necesidades del cliente, de mejor calidad, de mayor valor añadido, con menor intensidad de mano de obra humana, exigen que el rendimiento de los recursos disponibles deba ser cada vez mayor y, en consecuencia, el principio de productividad esté cada vez más alojado en el pensamiento político, empresarial y personal.

Con esto, nos debe de quedar claro que todos los participes en la realidad económica de la empresa avalan la mejora de la productividad como algo que les interesa, no mirando por el interés de los otros sino en el suyo propio.

Pero centrándonos en los actores propios de la actividad empresarial, el empresario y sus recursos humanos, y sin perder obviamente la referencia permanente al cliente, debemos de llegar a un equilibrio en la gestión que permita a ambos lograr sus respectivas expectativas, eficiencia y necesidades sociales. Pero, ¿cómo lograr este equilibrio, cómo alcanzar ese objetivo?.

Para alcanzar algo debemos de partir de datos fiables que nos digan dónde estamos, y recabar resultados periódicos fiables que nos indiquen por donde vamos. Para ello se debe establecer un sistema de control de la productividad, es decir hay que disponer de una herramienta que permita medir e incrementar el rendimiento de todos los elementos que participan, pero que tiene un límite claramente identificado, el rendimiento exigible, por lo que podemos decir que es una herramienta que vela porque se cumplan, al menos, los mínimos.

El sistema de control de la productividad es la herramienta capaz de identificar cada uno de los causantes de retrasos en la ejecución del trabajo y cuantificar dicho retraso.

Para garantizar la fiabilidad del sistema de control de la productividad su correcta implantación requiere de las siguientes fases:

  • Verificación de los procesos actuales para garantizar la eficaz ejecución de los mismos, si partimos de procesos ineficaces todo el trabajo será en balde.
  • Recabar datos reales, fiables y actualizados facilitados por un estudio de métodos y tiempos.
  • Elaborar fichas o documentos explicativos, donde se haga referencia a los resultados obtenidos y los resultados esperados.
  • Realización de una simulación mediante ejercicios comparativos para garantizar la calidad de los resultados presentados.
  • Implantación del sistema de control de la productividad con el beneplácito de los trabajadores y sus representantes.

Como hemos dicho en los párrafos anteriores, lograr las expectativas es alcanzar los mínimos reales exigibles, pero si la empresa necesita o desea aumentar aún más la productividad se debe ofrecer algo a cambio, el incentivo, la motivación retributiva.

Esta fase, tan fácil de concluir, es el fruto de un proceso de trabajo constante pero con un plazo adecuado de consecución, conciso en la concepción y en su desarrollo, evaluado por los partícipes para garantizarles que se van a alcanzar las metas y pactado entre los actores como compromiso mutuo en el logro de los respectivos objetivos.

Es decir, un sistema de retribución variable son acuerdos entre la empresa y sus recursos humanos a través de los cuales se fija un valor, a pagar por parte de la empresa, a un esfuerzo extra o cierta porción de trabajo, siempre a partir del marco legal establecido por el convenio y el estatuto de los trabajadores, y sobre la base de los datos facilitados por el sistema de control de la productividad.

Con este sistema de incentivos, además de mejorar la producción y la eficiencia de todos los factores que intervienen en la producción, sin aumentar el horario laboral, se obtienen los siguientes beneficios:

  • Disminución del coste directo de personal, ya que los operarios alcanzan un mayor rendimiento dentro de la jornada laboral.
  • Aumento salarial para los trabajadores, ya que estos recibirán un mayor salario debido a su mejor rendimiento respecto del exigible.
  • Mejora de los métodos de trabajo sobre las base de la corrección de las desviaciones respecto a los umbrales, de los desequilibrios en líneas y de las operaciones de no valor añadido.
  • Mayores ingresos al tener más unidades disponibles para la venta.

En conclusión podemos decir que, con un sistema de control de la productividad que nos informa de la eficiencia de los procesos, y un sistema de retribución variable que estimula la producción sobre la base de lograr las expectativas de la empresa y de sus trabajadores, disponemos de dos factores multiplicadores de nuestra competitividad.

Fuente: J.Vizcaíno, FEDA

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